
Albert Camus y la Religión
El novelista, ensayista y dramaturgo francés Albert Camus (1913-1960), parte de la negación de Dios y de toda la vida del más allá. Vivió ajeno a la religión y el ateísmo se refleja de modo permanente y combativo en sus escritos, empeñado en mostrar la imposibilidad de que Dios exista.
Su apasionada incredulidad se une además a un puro amoralismo. Recibe la crítica de Calígula: “Si nada tiene sentido, todo está permitido”. Pero por ejemplo en su obra “La Peste” hay un personaje que no encuentra sentido a la vida pero que ayuda a los enfermos para que vivan. Para eso ha de encontrarle sentido a la vida.
Hay cierta contradicción entre lo que Camus opina y lo que realmente hace.
Pero no muestra alguna favorable predisposición o acercamiento a la fe cristiana, que algunos católicos han querido descubrir en él. Camus rechazó siempre el cristianismo bajo pretexto de considerarlo negador de los valores de la vida terrestre y de la soberanía absoluta de la libertad.
Camus afirmó lo siguiente: "La presencia de un Dios capaz de dar sentido a la vida es muchas veces preferible a la posibilidad de poder comportarse mal impunamente".
Como se puede ver en la teoría del tema, su ideal es la felicidad, pero considera que los hombres no son dichosos. Por esto condena la existencia de un Dios benevolente, ya que si lo hubiera no permitiría la desdicha humana, así como tampoco toleraría el mal, el dolor o el sufrimiento, contra lo que se revela Camus.
Refutación de sus creencias
Para contrastar lo que afirmaba Camus, debemos decir que la religión cristiana no niega la importancia de los valores terrestres, es más, se considera que esos valores positivos son la vía para “ganarnos” el don de la vida eterna junto al Padre Todopoderoso. Tampoco va en contra de la libertad del hombre, ya que es Dios quien proporciona esa libertad para elegir, no entre el bien y el mal, sino de entre dos cosas buenas la mejor. En cuanto al sentido de la vida, éste es una búsqueda personal, necesaria tanto para creyentes como para no creyentes, y para nada esa búsqueda excusa nuestros actos, es más, es un motivo para que nuestras acciones sean positivas.
El propio Camus se contradice al decir que si un Dios bueno existiera no habría desdicha y al mismo tiempo reivindicar la libertad del hombre. Si Dios no permitiera que el hombre controlara sus propios actos quizás se erradicarían las desgracias, pero desaparecería la ansiada libertad humana.
En mi opinión Dios nos infunde la vida y la libertad de hacer nuestras propias elecciones, conllevando eso al mismo tiempo a que tengamos que adquirir unos valores positivos si queremos enmendar el pecado con el que nacemos y acceder después de esta prueba al reino del Padre.