
JEAN PAUL SARTRE
Uno de los escritos influyentes en la segunda mitad del siglo XX ha sido Jean Paul Sartre, novelista y escritor celebrado por varias generaciones. Sembró abundantemente la semilla del ateismo con su brillante literatura y aparente seriedad filosófica. Con tales instrumentos pareció a muchos intelectuales europeos y americanos que su crítica a la religión era definitiva, como ha sucedido antes con otros autores, como con Nietzsche, que más han sido en esta cuestión retóricos estilistas que razonables pensadores. Afirmar con seguridad falsedades, aunque sea con una técnica literaria excelente, no es prueba de que sea evidente lo afirmado ni que se ajuste a la realidad.
Sartre proporcionó dos ideas en su evolución filosófica sobre lo que él pensaba de la religión:
El hombre no es para los existencialistas un mero objeto. El hombre es un sujeto en el mundo y abierto al mundo. En términos sartrianos, el hombre se crea a sí mismo.
La libertad es otro de los temas básicos para los existencialistas. No se trata en ellos, sin embargo, de la libertad académica, de la libertad como presupuesto del acto moral, sino de la libertad que hace posible la elección y, por tanto, la realización del individuo.
La muerte, insoslayable, es también objeto de atención para los existencialistas. El hombre vive para morir; cada cual muere solo.
El tiempo transcurre únicamente entre el nacimiento y la muerte; es la vivencia por el individuo de su limitación, de su finitud
La conciencia es siempre conciencia de algo. El dato primario del yo es la intencionalidad de la conciencia.
Como conclusión no estamos de acuerdo con su manera de pensar respecto a la religión. Ya que su pensamiento ateísta no va acorde con nuestra religión, porque él nos da a entender que Dios no existe y que todo esta hecho por el hombre. No compartimos su opinión de que no se encuentra un ser supremo al que podamos creer